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Antes que todo, un mensaje de Edwin :

 

“Siempre he tenido la inquietud de encontrar lo que define a mi persona y nunca he encontrado la respuesta. Soy un romántico incurable. Quisiera poder decir que soy poeta, pero no puedo pretender llegar a tales alturas. Me conformo con pensar que soy compositor de canciones populares. Pero no es mi música o mis letras lo que me definen como compositor, sino mis emociones. Esa pasión interna que surge de mis inseguridades me ha forzado a desplegar mi vida a través de mi música y mis interpretaciones. Para conocerme, no hay que buscar en mi pasado; solo hay que escuchar mis canciones. Ahí es que se pintan mis sentimientos y se despliega mi persona. Son las emociones fuertes e inquietantes las que le dan forma a cada canción. Un autor contento y conforme rara vez crea algo que nos llegue bien adentro.

La semilla de un gran numero de obras se encuentra en sentimientos negativos y tristes, tales como el miedo, celos, soledad, desesperanza, etc. Quizás esto suene un poco pesimista, pero escuchen con detenimiento las canciones románticas de cualquier época y verán que lo que digo es cierto. Detrás de cada canción hay un hilo de tristeza que hilacha las notas como perlas de un collar. Todas mis canciones tienen su historia, y la mayoría han sido inspiradas por fantasmas de mi imaginación. Historias reales que solo tomaron forma en mis sentimientos y mi corazón. Todas mis canciones son pedazos de mi vida. Gracias Puerto Rico, por dejarme nacer en tu tierra”. 

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Anecdotas Por Victor (TUTY) Lopez

 

Edwin Oliver Sánchez: el músico sin fronteras

 

Una semblanza de Tuty López

 

Hablar de Edwin Oliver Sánchez es hablar de un alma musical libre, de un creador que hizo del piano su voz y del sentimiento su partitura. Este es mi intento de capturar, en unas cuantas páginas, la grandeza de su ser. Para contarla toda, habría que escribir un libro.

 

Conocí a Edwin en nuestros años tempranos, cuando apenas éramos unos polluelos con alas recién salidas del cascarón. Yo acababa de entrar a la agrupación Les Cavaliers, donde él ya se destacaba como cantante y pianista. Desde el primer encuentro me impresionó: su manera de tocar el piano, su oído, sus composiciones… todo lo que hacía dejaba una huella profunda.

 

Yo era entonces un bajista y arreglista con poca formación formal. Pero verlo crear con tanta libertad me sacudió. Entendí que tenía que estudiar más armonía, porque lo que Edwin hacía en las teclas era pura intuición iluminada. Él, autodidacta, había desarrollado un estilo armónico único. Siempre he creído que su falta de educación musical académica fue su mayor bendición: no tenía muros que lo limitaran. Por eso su música siempre fue distinta. A él le debo buena parte de lo que soy como músico y arreglista.

 

Una de las muchas lecciones que me dejó fue con su tema “Cómo Soy”, una pieza que jugaba con compases de 5/4, 6/4 y 4/4 dentro de la misma canción. Cuando la llevó a registrar en Peer International, el copista la rechazó porque no supo escribirla. Años después, Rosita Rodríguez (“Alfilerito”) la grabó, y el resto es historia. Aquello fue mucho antes de que Dave Brubeck popularizara el compás de 5/4 con “Take Five”. Edwin ya lo había hecho. Fue un pionero sin saberlo.

 

Aunque no sabía escribir música —y quizá por suerte— su oído lo guiaba más allá de los pentagramas. Recuerdo que, cuando ambos trabajábamos en Los Hispanos, me pidió prestado el libro “The Arranger–Composer” para aprender a escribir un arreglo vocal de su canción “En Blanco”. Dos semanas después regresó con el arreglo completo. Se grabó con Norman Casiano, y quedó espléndido. Me permitió hacer el arreglo musical, pero sinceramente, no hacía falta.

 

Edwin era, sin exagerar, un genio. Literalmente. Lo comprobamos cuando tomamos juntos una prueba de aptitud en nuestros días con Les Cavaliers: obtuvo la puntuación más alta de todos.

 

En 1975, Edwin logró representar a Puerto Rico en el Festival OTI de la Canción internacional con su tema “¿A dónde vas, amigo?”, interpretado por Los Hispanos. El trofeo quedó en manos del director del grupo, pero la gloria fue toda suya.

 

Edwin era un romántico incorregible. Para conocerlo, no hacía falta mirar su pasado; bastaba escuchar sus canciones. Ahí estaban su ternura, su melancolía y su fuego interior.

 

Desde niño mostró su vocación: cantaba en funciones escolares y en concursos de aficionados. A veces ganaba una caja de galletas, en otras, tres dólares, pero su alegría siempre era la misma. Incluso participó en el programa radial El Show del Abuelito Welch, con José Miguel Agrelot, y volvió a ganar el primer lugar.

 

 

Ya en su juventud, ingresó a la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. Apenas comenzaba sus estudios cuando fue reclutado para El Show de Caridad Pereda en televisión. Luego participó en El Show de Tito Lara, donde llamó la atención de los directores de Les Cavaliers, agrupación con la que trabajó seis años antes de unirse a Los Latin Boys, grabando con ellos el álbum Introducing Their New Latin Sound.

 

A comienzos de los años setenta se integró a Tempo 70 como cantante. El productor Paquito Cordero lo grabó como solista para Hit Parade, aunque la producción no llegó a salir. No obstante, sus composiciones comenzaron a hacerse populares en la radio y a ganar festivales internacionales.

 

El 29 de junio de 1971, Rosita Rodríguez le dio a Puerto Rico su tercer triunfo en el Primer Festival de la Canción en Ibagué, Colombia, con su tema “Cuándo volverás”, obra de Edwin. La canción se convirtió en un clásico.

 

Luego vendrían éxitos como “Habla”, “Tiempo de un ayer”, “Voy a cambiar mi rumbo”, “Sólo agua, sólo arena” y “Realidad”, interpretada por Yolandita Monge. Cada una de ellas mostraba su sello inconfundible: melodías que parecían dictadas por el corazón.

 

Tiempo después, Wisón Torres buscaba renovar el cuarteto Los Hispanos. Tras varias audiciones y la recomendación de Tito Lara, Edwin fue seleccionado. Compartimos entonces una de las etapas más brillantes del grupo, con presentaciones en los hoteles Cerromar, La Concha, Holiday Inn del Condado y Lina de Santo Domingo.

 

En ese tiempo escribió “¿A dónde vas, amigo?”, tema con el que representamos a Puerto Rico en el Festival Internacional de la OTI. Sin embargo, los sacrificios personales fueron grandes, y juntos —Edwin y yo— decidimos crear algo nuevo: un formato más íntimo, más libre. Así nació Manus, palabra latina que significa “mano”.

 

Con Manus recorrimos Centroamérica: Panamá, Costa Rica, Guatemala, El Salvador… Seis meses de giras, escenarios y aprendizaje.

 

Más adelante, la disquera Alhambra Records, de Julio Iglesias, lo contrató como solista. Edwin compuso casi todas las canciones del álbum y la mitad de los arreglos; la otra mitad de los arreglos la hice yo. Fue un momento de plenitud creativa.

 

Su talento fue reconocido en muchas ocasiones. Gilbert Mamery lo distinguió como Valor Destacado de la Música Puertorriqueña, y recibió certificados del Instituto de Cultura Puertorriqueña y del Centro Cultural de Puerto Rico por su aportación al pentagrama nacional.

 

Participó en el Festival de la Voz y la Canción de Puerto Rico, con arreglo de Cucco Peña, obteniendo el quinto lugar. Poco después, decidió dar un giro radical: cambió los escenarios por los sistemas informáticos. Se formó como programador de computadoras y llegó a dirigir un departamento de informática.

 

Más tarde se estableció en Florida, donde trabajó como consultor. Pero el arte no se olvida. En 2002, el Instituto de Cultura de Puerto Rico en la Florida lo invitó a un concierto en Miami. Lleno total. Años después regresó a Puerto Rico, invitado por Alfred D. Herger y Pijuán, recibiendo el mismo cariño de siempre.

 

Hoy, su obra sigue viva. Canciones como “Habla”, “Cuándo volverás”, “Sólo agua, sólo arena”, “En una tarde gris”, “A dónde vas, amigo” y “Me dijeron” —grabada por Andy Montañez e Ismael Miranda, y por Cutito Larrinaga de Panamá. Ambos interpretes lograron llevar “Me Dijeron” a un gran éxito, tanto en Panamá, Venezuela, Santo Domingo, e inclusive algunos estados de EEUU y otros forman parte de la memoria musical de Puerto Rico.

 

Edwin Oliver Sánchez fue mucho más que un compositor: fue un espíritu libre, un soñador que creó sin fronteras y que nos enseñó que el verdadero talento no necesita permiso.

 

Si desean escuchar toda su obra musical (además de dos librosde misterio y fantasía y algunos cuentos cortos), lo encontrarán el su “site” de Internet, a saber: https://eolichez.wixsite.com/edwinoliver

 

—Tuty López

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Su foto se encuentra en el museo de compositores puertorriqueños localizado en el pueblo de Caguas. P.R.

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